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JOSEUMBRAL
Noctívaga
La noche arde ultravioleta con las pupilas infrarrojas del lobo, desde el corazón del carbón
con ese amor al fuego y ese hedor de pecado. Arde con sonrisa cósmica y labios de mujer
macerados en almíbar de strawberry, la noche arde con alto voltaje con oropel y linaje de barrio bravo, con luces flácidas y tonalidades ácidas en los charcos de la lluvia.
La noche está llena de puertos y destinos pero entre ellos hay un sin número de naufragios, como la mancha de gasolina en la acera que en su carcajada psicodélica semeja un pasón de pseudoefedrina o de valium. Hay abismos en los espejismos de los rostros con cuerpos de niebla bajo las gabardinas y en la indiscreta y jocosa mascarada de los anuncios de neón
de los hoteles de paso, incitando a las almas a un baile en el purgatorio del deseo.
Los clubs, los bares y las farmacias solo son curas a base de soma para las distancias que juntan a las lejanías.
La noche es una medusa de las profundidades, un organismo lumínico que posee la estridente
toxicidad del veneno.
La noche arde y es el día siguiente el que saca a la luz la oscuridad de su pasado.
José Umbral ©
Vampira

En la noche todas son criaturas y víctimas de su seducción, todas sufren la transformación que su perfume y veneno provocan.
La noche es un vampiro y tú solo
su víctima.
Imaginar que has reencarnado en una criatura extraña solo es otra manera de explorar tu vida.


